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Todavía hoy existen managers que se aferran, contra viento y marea, a los principios del management que sus propios jefes le impusieron en su día. Aplicación estricta de pautas de comportamiento de otra época, entrevistas individuales infantiles e otras encantaciones a la humildad que congelan cualquier intento de cambio de modelo.

Pero ya hoy, y todavía más mañana, el manager deberá estimular la agilidad, valorar la capacidad de reacción e inventar nuevos modos colaborativos con sus equipos. En resumidas cuentas, aparcar definitivamente todos los rituales y principios del management… De ayer.

El manager deberá adaptarse: los altos potenciales que tendrá que dirigir serán individuos más independientes, muchos más exigentes en cuanto al valor añadido que aporta el jefe y sobre todo: ¡ ultrasensibles a la consideración de sus diferencias ! Cada individuo deberá de ser dirigido como una excepción, un caso particular, que debe crecer personalmente y profesionalmente.

Deberá adaptarse también a las crisis, a los ciclos de vida de las estrategias de empresa que son cada vez más cortos. El plan de acción a 3 o 5 años tiene ya certificado de defunción. Se tratará , al contrario, de convencer y de aceptar rápidamente que lo que se decidió hace 6 meses ya no está de actualidad. Se tratará también de pilotar al colectivo de manera a difundir entusiasmo, confianza y ganas de compartir un proyecto común, rebotando de situación excepcional a crisis inesperada…

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